11 de octubre de 2013

SOY RESPONSABLE DE MIS MOTIVACIONES

(On the heights. Curran. 1909.)

Cuando era niña mis padres me asignaron responsabilidades que se iban incrementando conforme crecía, hacer mi cama, mantener aseado mi cuarto, apoyar a mi mamá en ciertas tareas de la casa, estudiar y aprender, llegar a la hora indicada, etc. Cuando era irresponsable, enfrentaba una consecuencia que no me agradaba, pero que ahora agradezco pues la comprendo como muestra del cuidado y amor de mis padres.

Así como los padres terrenales asignan responsabilidades, también lo hace nuestro Padre celestial.

En las últimas semanas he estado estudiando un poco sobre el tema y hasta ahora he encontrado 4 áreas específicas de las que somos responsables ante Él, claro que hay más, y sé que con el tiempo, conforme vaya obedeciendo, Dios las irá mostrando; por lo pronto te comparto cuatro.


Soy responsable de:
 
·         MIS MOTIVACIONES
·         MIS PENSAMIENTOS
·         MIS PALABRAS
·         MIS ACCIONES


Me gustaría platicar contigo sobre la primera responsabilidad. Las siguientes semanas compartiré las demás.


MIS MOTIVACIONES

“Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.”1Corintios 10:31.

Somos responsable de obedecer esa instrucción de Dios y cuidar nuestras motivaciones.

¿Qué te motiva para hacer lo que haces?

Nuestra motivación principal debe de ser la gloria de Dios 

La Biblia nos muestra con claridad cómo podemos llevar esto a cabo:

“En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así probéis que sois mis discípulos”. Juan 15:8.

"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley.

Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu." Gálatas 5:22-25.

Al andar en el Espíritu, es decir, en obediencia a las Escrituras, el Espíritu Santo producirá en nosotras fruto para la gloria de Dios.


Que la actividad que planeamos o llevamos a cabo no esté motivada por nuestra carne.

Una guía para identificar una motivación carnal se encuentra en la lista que hace el apóstol Pablo de los frutos de la carne en Gálatas 5:9. Ningún deseo impuro, venganza, enemistad, celos, enojo, rivalidad, ni cosa semejante debe ser nuestra motivación al obrar.

Aquí quiero hacer un paréntesis para llamar tu atención sobre un punto específico: la soberbia. Si hacemos algo para recibir reconocimiento, ¡cuidado! No es bueno pretender robar aunque sea un poco de la gloria de Dios (Hch. 12:23). 

Debemos reconocer que somos lo que somos por la pura gracia de Dios (1 Co. 15:10). 

No hay algo bueno en nosotros que no haya sido puesto ahí por Él (Stg. 1:17), entonces ¿cómo podemos pretender recibir el reconocimiento por ello? Siempre, siempre, siempre demos las gracias y el reconocimiento a Dios.

Podemos engañar a los demás con nuestras aparentes “buenas obras”, ellos no sabrán si están motivadas por algo incorrecto; pero no podemos engañar a Dios, Él ve el corazón (1S 16:7), Él sabe nuestras intenciones detrás de nuestras acciones.


"No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará.
Porque el que siembra para su propia carne, de la carne segará corrupción, pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna" Gálatas 6:7-8.