18 de octubre de 2013

SOY RESPONSABLE DE MIS PENSAMIENTOS

(On the heights. Curran. 1909.)


Esta es la segunda de las 5 áreas de las que veremos que somos responsables delante de Dios.


MIS PENSAMIENTOS



“No os adaptéis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto". Romanos 12:2.


No nos acomodemos al sistema de pensamiento, creencias y valores de éste mundo dominado por Satanás (2 Co. 4:4). La Biblia nos dice que debemos renovar nuestra mente, y esto lo podemos hacer sin mayor complicación: El Espíritu Santo cambia nuestra manera de pensar mediante el estudio y la meditación constante de la Palabra de Dios y nuestra obediencia a ella (Sal. 119:11; Jn. 17:17).


Ya hay bastante deshonestidad, injusticia, inmoralidad, enemistad y cosas de mala reputación  en nuestro medio como para que voluntariamente nos expongamos a más de eso en lo que decidimos ver (revistas, telenovelas, películas) y oír (chismes,  letras de canciones nocivas, conversaciones vulgares). Si lo hacemos, estamos siendo irresponsables de la instrucción que Dios nos da en cuanto a en qué debemos ocupar nuestra mente:

"Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad". Filipenses 4:8.


El fin NO justifica los medios. En la vida cristiana el medio sí importa; a los fines de Dios se llega a la manera de Dios. No tenemos que ver un montón de horas de mentiras, inmoralidad, fornicación, y otra basura en una telenovela hasta llegar al final donde los “buenos” ganan. No nos engañemos. Nuestra responsabilidad es cuidar lo que entra a nuestra mente.


¿Cómo podemos decir que amamos a Dios y escuchar con agrado groserías y palabras que van en contra de lo que Él ha establecido? 

Amiga: Si crees que escuchar música con lenguaje vulgar y sentencias contrarias a la Verdad no afecta tu andar cristiano, eso mismo constituye una prueba de que sí lo hace: poco a poco pero de manera efectiva te ha llevado a un punto en el que no te das cuenta lo nocivo de sus letras… O peor aún: Sí te das cuenta, y no te importa.


¿Has escuchado a personas que tropiezan una y otra vez con el mismo pecado y con actitudes que no pueden cambiar? Yo también y la mayoría de las veces es porque no dejan que el Espíritu Santo tome las riendas de su vida, lo tienen contristado al estar llenando sus mentes constantemente de información nociva y casi nada de la Palabra de Dios.


Si eres tú quien se encuentra luchando contra deseos carnales y cayendo una y otra vez, examínate: ¿Regularmente estás llenando tu mente con información de revistas superfluas que sólo hablan de sexo, materialismo, chismes y cómo verte más deseable para los hombres? ¿Te expones voluntariamente a programas de televisión o películas que no edifican y en cambio exaltan estilos de vida contrarios a la Palabra de Dios? ¿Escuchas y cantas sentencias que van en contra de la Verdad? ¿Tus amistades no tienen temor de Dios y en su compañía relajas tus estándares cristianos? Si es así, arrepiéntete y acude a Dios con corazón contrito y humillado pidiéndole de Su gracia que es salvadora y santificadora, y no llenes más tu mente con cosas de la carne.  


Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu.

Porque la mente puesta en las cosas de la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz;

Ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios ni puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Sin embargo, vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de El”. Romanos 8:5-9.

Así que, con ayuda de Dios, pongamos la mente en las cosas del Espíritu; hacer esto va más allá de leer la Biblia, implica estudiarla, meditar en ella y  obedecerla. Conforme lo hagamos, seremos transformadas a la imagen de Cristo, nuestro Señor y Salvador.